viernes, 27 de noviembre de 2015

Afinar el cerebro, ¿ciencia o arte?

Hace poco, en otro post, hablaba sobre los psicofármacos y la psicoterapia, y sobre el papel de cada uno de ellos dentro del tratamiento de los problemas de salud mental. Todos tenemos claro lo que es una pastilla: una cosita pequeña que cuando te la tomas se "disuelve" en el estómago, pasa a la sangre y hace lo que tenga que hacer allá donde esté el problema en nuestro cuerpo, en este caso en el cerebro. Si preguntamos a un auditorio no habrá gran variabilidad de opiniones al respecto de cómo funciona la cosa. Sin embargo, cuando hablamos de psicoterapia la cosa se vuelve un poco menos concreta. Aunque hay muchos estilos y corrientes dentro de la psicoterapia, salvo que uno tenga una experiencia personal más cercana, la idea que tenemos de ella suele estar bastante influenciada por lo que hemos visto en la gran pantalla:


Cuando uno ve escenas como ésta e intenta explicar qué está pasando y por qué lo que está pasando puede ser terapéutico, la explicación se vuelve más difícil y más difusa... menos intuitiva. Es fácil creer que una pastilla va al cerebro y tiene una acción concreta allí; y, en contrapartida, parece que para explicar cómo funciona esto de la terapia hay que entrar en el terreno de la filosofía, la mística o el "acto de fe"; como que resulta difícil de explicar desde los parámetros científicos de la pastilla. Sin embargo, cuando uno se adentra un poco más en el tema empieza a darse cuenta de que la pastilla y la terapia tienen más en común de lo que parece, sólo que una entra en la persona por vía oral y la otra por vías un poquito diferentes. A estas alturas del siglo XXI los científicos saben ya unas cuantas cosas del sistema nervioso, y esto nos va permitiendo también entender cómo funciona la psicoterapia que, aunque tiene mucho de arte, también tiene mucho de ciencia. La pregunta, entonces, sería: ¿en qué se parecen una pastilla y una sesión de psicoterapia? En que las dos actúan sobre el cerebro. Para entender mejor esto, dos pinceladas rápidas de neurociencia para doomies: 

Para entender el cerebro, vamos a dividirlo en tres partes, como se ve en esta foto:


Si hacemos un recorrido por el orden en el que aparecieron en la evolución de las especies, la parte que está más abajo es el cerebro reptiliano, y esta parte controla las funciones vitales (el ritmo cardíaco, la respiración...) y los instintos (hambre, sueño...). Un poquito más arriba tenemos el sistema límbico, que es el que se ocupa de las emociones (que recordemos que son como "señales", con un importante correlato corporal, que nos informan de cómo "nos sienta" lo que nos ocurre y sirven para orientar nuestras acciones); y, aún más arriba, tenemos la corteza cerebral, de donde salen los pensamientos, la planificación y todas las funciones más complejas. Así como el sistema límbico (en su forma medianamente desarrollada) está reservado sólo a los seres que se encuentran en la escalera de la evolución de mamífero para arriba, el neocórtex o corteza cerebral lo encontramos sólo de primates para arriba.  Dentro de la corteza hay una zona especialmente interesante para el tema que nos ocupa, y cuyo máximo desarrollo es patrimonio exclusivo de la especie humana: la corteza prefrontal.


En ella, concretamente en la corteza prefrontal medial, residen nuestras capacidades más complejas: el pensamiento abstracto, la metacognición (pensar sobre lo que pienso), la identidad personal, la ética... Otra función muy importante que tiene esta zona es la de supervisar los procesos que suceden en las otras regiones y armonizarlos. Así, por ejemplo, aunque mi cerebro reptiliano y límbico me digan que me coma el octavo bombón de la tarde, mi corteza prefrontal me manda un mensaje de "ya es suficiente, no comas más". O si voy en el metro y mi cerebro reptiliano me dice que el chico que está sentado en el asiento de enfrente me atrae terriblemente, pero mi neocórtex me recuerda que tengo una pareja en casa y que uno de mis valores es la fidelidad, la corteza prefrontal armonizará todo eso y hará que no salte al cuello de mi compañero de vagón; y que eso, además, no me suponga ningún drama a nivel emocional. Y todo ello en pro de nuestra supervivencia, nuestra adaptación, la satisfacción de nuestras necesidades y nuestro mayor nivel posible de bienestar. No es poca cosa, no...

Sin embargo, cuando las  tres zonas están "desarmonizadas", la persona suena como un concierto en el que cada uno va por su lado, o en el que los músicos se hubieran olvidado de afinar los instrumentos. Un desastre, vaya. Pensamientos disparados, emociones desbordadas, instintos dominando la situación. Malestar instalado, tristeza crónica... incluso ciertos problemas cardiovasculares se ha demostrado ya que tienen ciertos rasgos de personalidad y estados emocionales como factores de riesgo.

La psicoterapia trabaja en la integración de estas tres zonas del cerebro, trata de contribuir a armonizarlas de nuevo, intenta ayudar a la corteza prefrontal a que haga su trabajo armonizador. Cuando tenemos un "insight", palabreja que usan los psicólogos para denominar ese "caer en la cuenta de algo" (que es lo que se busca que suceda en terapia), lo que ha pasado es que hemos hecho nuevas conexiones neuronales, hemos conectado "esto" con "aquello", nos hacemos conscientes de algo que estaba ahí, pero no terminábamos de ver; y esta nueva información cambia nuestro panorama. Hace tiempo que sabemos que la terapia produce cambios a nivel neuronal. Esta capacidad del cerebro de realizar nuevas conexiones se llama neuroplasticidad. En terapia usamos todos los medios a nuestro alcance para ayudar a la corteza prefrontal a integrar pensamientos, emociones, funciones corporales. Ayudamos al cerebro y, como consecuencia, a todo el resto del cuerpo (ya que estamos tocando la CPU, "el disco duro" del cuerpo) a funcionar mejor. Como la pastilla, sólo que con menos riesgo de efectos colaterales en otros órganos y con un efecto bastante más duradero.

La pastilla sólo entra por la boca. La terapia entra de diversas formas. Una vez más, Robin Williams nos ayuda en nuestra explicación:



El profesor Keating hace vivir a los chicos una experiencia muy física, muy corporal, que les va a provocar emociones y que acompaña de una estimulación del pensamiento. Ayuda a que se produzca ese "insight", ese "darse cuenta" que cambiará sus perspectivas y les dará nuevas claves para situarse en el mundo de ahora en adelante. Este profesor, a su modo, está haciendo una sesión de terapia.Y está trabajando con el cerebro. 

Así visto, alguno se desilusionará, y hasta se enfadará, y hasta podría acusarme de biologicista. Pero es que todo esto no le quita una chispa ni de magia ni de misterio al hecho de que un contacto directo entre seres humanos, como lo es la terapia, resulte curativo. Y es que una de las cosas que necesita el cerebro en general y el sistema límbico en particular para funcionar bien es un entorno estable y seguro y relaciones personales cálidas y afectuosas... como debería ser la relación entre paciente y terapeuta. Y, además, por más que todos los seres humanos tengan manos, no hay dos manos iguales, ni sentimos lo mismo en el contacto con una mano o con otra. Igual en terapia, por más que nuestra personalidad tenga su sustrato en algún lugar de nuestro sistema nervioso, eso no nos hace menos únicos e irrepetibles, ni hace menos único e irrepetible el contacto entre dos seres humanos concretos en el aquí y el ahora.

La psicoterapia, pues, actúa, al igual que la pastilla, sobre el cuerpo, sobre el cerebro. Con una diferencia: la pastilla no crea nuevas conexiones neuronales. La pastilla puede (ya lo hablamos en aquel otro post) ayudar a crear un clima en el que la persona que está demasiado fuera de control o demasiado desestructurada pueda reequilibrarse un poco para poder empezar a trabajar consigo misma. Pero la tarea de fondo (y aquí nos reconciliamos con la filosofía) vuelve a estar en la mano de cada ser humano, depende de cómo quiera trabajarse a sí mismo para encontrar dentro de sí fuerza vital, sentido y salud. En este "departamento" de las capacidades del ser humano es donde trabaja encantada la psicoterapia.

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